¿Qué sentido tiene sentir?

En épocas de anestesias emocionales varias.

De harinas y quesos. De Netflix y helado.

De alcohol y clonacepam. De porros solitarios y parejas obligadas…

Te preguntaste alguna vez el sentido de sentir?

¿Por qué hacemos uso de estímulos externos? ¿Por qué la completud, la infinitud, el sentido de grandeza y de gratitud no llegan simplemente mirando el sol? ¿Respirando una molécula de oxígeno que alguna vez fue agua de glaciar, o caca de dinosaurio?

El actor de "Sexto sentido" saltó a la fama con la frase “veo gente muerta”, y hasta la escuchamos en Inglés cuando la leemos y la decimos en su tono de voz. Es que le tenemos miedo a los muertos. Le tenemos tristeza a los muertos. Como si hubiera algo más allá, más peligroso que nuestro “acá”.

¿No te parece que la verdadera película de terror somos nosotros, muertos por dentro, por miedo a sentir?

Tenemos tanto miedo a la carencia de vida que hace cosas inimaginables para evitarla, a expensas de dejar un poquito de vida en cada fármaco, en cada día de un trabajo no deseado, de calendarios monótonos, de conversaciones similares.

Día tras día, la muerte en vida acecha en cada botón del control remoto. En cada código de barras de un producto innecesario para nuestra superviviencia, pero quizás impresecindible para modificar nuestro sentir.

Es que no sabemos sentir. Le tenemos miedo a cada latido. Cuando el corazón toca la puerta desde adentro con una palpitación. “Tuc , tuc , tuc.. Despertate”.

Pero la mente hipertrofiada de y contaminada de virus ya piensa en una arritmia, corre al cardiólogo. “no vaya a ser cosa que….” El cuerpo habla en tristeza, te avisa de las cosas que no le hacen bien. Te dice con enojos, los vínculos caducados. Te cuenta con el miedo, aquellos aspectos que aún faltan madurar.

Para que pongas las heridas al sol, y salgas caminando así, todo cicatrizado de mapas que sólo vos elegiste caminar. Que te hacen único, única. Que no están bien ni mal. Que son vos. Así, desnudo y desprotegido. Sin armaduras. Toca exponerse. Al solcito de la mañana que no lastima. A la brisita del río que trae calma.

A un nuevo amor. A la adrenalina de las decisiones. Al salto cuántico, a la nueva etapa. A soltar lo viejo, lo conocido.

Pide aventura, viaje, naturaleza, deporte, arte, riesgos, nuevas heridas. No pasa nada. Confía en tu poder de reparación. Que las curitas no curan, tapan. Y a veces tapan piel sana. Necesaria para que un abrazo te llegue hasta el hipotálamo en viajes de acetilcolina. Necesarias para sonrisas de oxitocina. Necesarias para eso.. sentir.

No le tengas miedo a la muerte. Que no hay muerte, hay transformación. Tenele miedo a la muerte en vida. A las caparazones encarnadas. A que no sepas hablar con las plantas. A que el exceso de anestesia te adapte demasiado a algo que hace rato te está pidiendo que lo sueltes.

Que al final del camino, sentir es el sentido de la vida. Pues la vida sin sentir, no tiene sentido

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