La prevención como hábito

Actualizado: ene 7

La ausencia de mentalidad preventiva es una enfermedad social. Hay encuestas que revelan que si te diagnosticaran una enfermedad terminal en tres meses, cambiarías varios de tus hábitos tóxicos.

Te irías a tener esa charla postergada, te perdonarías, perdonarías a otres, estarías más en la

naturaleza, agradecerías más.


Bueno, te tengo una noticia, todos vamos a morir y no importa cuando.

¿Qué nos hace pensar que sólo un final agendado amerita el llamado a la acción?

Mi respuesta: que no tenemos cultivada la mentalidad preventiva.


Pensar preventivamente es saber cada momento como único.

Prevenir es preveer las consecuencias de mis actos, porque entiendo cómo funcionan las leyes del universo.


Prevenir es vivir como un círculo dentro de otro círculo. Saber que cada célula entrega su ego para ser parte de un tejido. Y un tejido funde su identidad para ser un órgano.

Y un órgano se “organiza” en sistemas.


Y vos sos un sistema con tu cuerpo, tu mente y emociones.

Que interacciona con un sistema familiar en la intimidad de tu casa.

Así tu familia seas vos y esa planta, tu mascota, o la lechuga que lleva varios días solitaria en la heladera. O seas madre, padre, abuele, hije, hermane, amigue, socie...


Sos un sistema a dentro de otro porque respirás oxigeno, que lo fabrican las plantas y las algas del mar. Que toman tus desechos y los hacen nutrientes de nuevo, junto a todo un órgano de bacterias, hongos, minerales y tantas otras fuerzas terrenales y cósmicas que aún

desconocemos.


Prevenir es enseñar que los riesgos ocurren cuando desconoces este funcionamiento biológico, social y cósmico te une en partes respecto del todo.


Sos el todo de una parte de vos, y sos una parte del todo social.

Que a su vez es parte del todo mundial, que es parte del todo universal, que es el todo

respecto de una parte partícula. Que es parte de vos.


Si tuviéramos consciencia del todo, prevenir es tan fácil como saberte responsable de tus

actos. Prevenir es cambiar tu filosofía de vida de “hakuna matata” al “círculo de la vida” (véase de nuevo “El Rey León”). Qué clase de Simba sos? El herido o el empoderado?


Sólo si cuidas de tu templo físico, de tu hermana planta, de la tierra que pisás, del aire que

respirás, vas a ser útil como parte del todo. Vas a ser una célula social sana.


Una célula social (persona- individuo) cancerígena es aquella que por inconsciencia, ignorancia o distracción dejó de sentirse parte de un todo y se volvió anárquica de las jerarquías del todo. El cáncer social es ese compañero que se comporta como un niño en el puerperio de su compañera. Que no cultivó su energía femenina para desarrollar la intuición , la empatía para acompañar el momento más sensible de una mujer. Que no se hizo cargo de cultivar su propia inteligencia emocional para paternar.


El cáncer social es esa mujer que sigue creyendo en el amor romántico, en la media naranja,

en que sin un hombre no es feliz. La que no sabe decir un “no” a tiempo y da tierra fértil a una

pareja violenta, a un ex obsesivo.


La enfermedad como concepto no se concierte a los límites de un cuerpo, de un individuo.

La enfermedad tiene aristas biológicas, si, pero como fractalidad de entidades sociales,

medioambientales, económicas, y políticas.


Entonces: prevenir es educar. Si no te cuidas a vos mismo, estás descuidando al todo.

Si no cultivas tu templanza emocional dañás a tu célula familiar.

Si no cuidas tu templo físico no podés cuidar a otres.

Si no entendés que la planta de la esquina de tu casa es tu hermana de la que depende tu vida, es la representante de un bosque, no estás entiendo tu función y responsabilidad en el sistema.


Vos podés prevenir la enfermedad social de la violencia, aconsejando a una amiga que la ves

medio tóxica con su pareja. Si, metete. Si, no calles. Tenés el compromiso social de hacerlo.

Cultivá el arte de equilibrar tu ego con el libre albedrío del otro.

Dejá tu consejo sin esperar resultados, sin juzgar tu intervención como “buena” o “mala” en

base al cambio de conducta del otre, que tu ego sea capaz de respetar amorosamente el libre

albedrío del otre, pero no dejes de echar un rayito de luz donde ves oscuridad.

Vos podés hermanarte con una mujer puérpera, hacete un rato y andá a darle una mano con

los platos, dejale la heladera llena de frutas, que no te cuesta nada.

Vos podés tener una alimentación inteligente hoy, cuidar tu cerebro, para ser una abuela super lúcida que juegue, que aconseje, que cuide de una hija maternando. Que el Alzheimer no es un “mal” , es una consecuencia. No es algo “luchable”. Es prevenible. Hoy.


Prevenir es empoderarse, en saber el lugar que ocupás.

Es saberte responsable.


Es el amor de entender el orden. Y responder a él.

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